Nuestras vidas son los ríos
| Yo tenía una sola ilusión: era un manso
pensamiento; el del río que ve próximo el mar y quisiera un instante convertirse en remanso y dormir a la sombra de algún viejo palmar. Y decía mi alma: turbia voy y me canso de correr las llanuras y los diques saltar; ya pasó la tormenta; necesito descanso, ser azul como antes y, en voz baja cantar. Y tenía una sola ilusión, tan serena, que curaba mis males y alegraba mi pena con el claro reflejo de una lumbre de hogar. Y la vida me dijo: ¡Alma, ve turbia y sola, sin un lirio en la margen ni una estrella en la ola, a correr las llanuras y perderte en el mar!
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