Lo sentí; no fue una
separación, sino un desgarramiento;
quedó atónita el alma, y sin ninguna
luz, se durmió en la sombra el pensamiento.
Así fue; como un gran golpe de viento
en la serenidad del aire. Ufano,
en la noche tremenda,
llevaba yo en la mano
una antorcha con que alumbraba la senda,
y que de pronto se apagó: la oscura
acechanza del mal y el destino
extinguió así la llama y mi locura.
Ví un árbol a la orilla del camino,
y me senté a llorar mi desventura.
Así fue, caminante
que me contemplas con mirada absorta
y curioso semblante.
Yo estoy cansado, sigue tú adelante;
mi pena es muy vulgar y no te importa.
Amé, sufrí, gocé, sentí el divino
soplo de la ilusión y la locura;
tuve una antorcha, la apagó el destino,
y me senté a llorar mi desventura
a la sombra de un árbol del camino.
Nuestras vidas son los ríos
Yo tenía una sola ilusión: era un manso
pensamiento; el del río que ve próximo el mar
y quisiera un instante convertirse en remanso
y dormir a la sombra de algún viejo palmar.
Y decía mi alma: turbia voy y me canso
de correr las llanuras y los diques saltar;
ya pasó la tormenta; necesito descanso,
ser azul como antes y, en voz baja cantar.
Y tenía una sola ilusión, tan serena,
que curaba mis males y alegraba mi pena
con el claro reflejo de una lumbre de hogar.
Y la vida me dijo: ¡Alma, ve turbia y sola,
sin un lirio en la margen ni una estrella en la ola,
a correr las llanuras y perderte en el mar!
Madrigal efusivo
| Déjame amar tus claros ojos. Tienen
lejanías sin fin, de mar y cielo,
y sus fulgores apacibles vienen
hasta mi corazón como un consuelo.
Deja que con tus ojos, se iluminen
mis viejas sombras y se vuelvan flores;
deja que con tus ojos se fascinen,
como aves de leyenda, mis dolores.
Que vea en ellos astros errabundos,
que en ellos sueñe inexplorados mundos
que en ellos bañe mi melancolía...
Son tristes, luminosos y profundos,
como puestas de sol, amada mía.....
La visita
Ha de venir. Vendrá.
¿Cuándo?... No sé. Muy pronto.
Escucho ya su voz remota
y sus pisadas oigo.
Abre la puerta, alma; que no te tenga
que llamar. Y que esté dispuesto todo:
apagado el fogón, limpia la casa,
y el blanco cirio de la fe, en el fondo.
Ha de venir. Vendrá. Calladamente
me tomará en sus brazos. Así como
la madre al niño que volvió cansado
de correr bosques y saltar arroyos.
Yo le diré en voz baja: -Bienvenida-,
y sin miedo, ni asombro,
me entregaré al Misterio,
pensaré en Dios y cerraré los ojos.
A solas
 Yo soy muy pobre, pero un tesoro
guardo en el fondo de mi baúl:
una cajita color oro
que ata un brillante listón azul.
La abro ¿qué tiene?.... Hojas de rosas,
secas reliquias de un viejo amor,
alas sin polvo, de mariposas,
mirtos, gardenias y tuberosas.....
¡Muchos recuerdos en cada flor!
El amuleto que ató a mi cuello
mi santa madre cuando marché;
el blondo rizo de aquel cabello
que tantas veces acaricié.
¡Cómo me alegra la fecha escrita
en esta opaca cruz de marfil!
¡Ah, virgen mía, mi virgencita,
aquí conservo la margarita
que deshojaste pensando en mi!
¡Cuántos recuerdos de lo pasado!
¡Cuántas escenas miro volver!
Me siento joven y enamorado,
feliz y bueno como era ayer.
¡Veo mis bosques y mis colinas,
mi triste pueblo, mi pobre hogar,
y hasta el enjambre de golondrinas
que hizo sus nidos en las ruinas
de la parroquia de mi lugar!
Si alguna oculta pena me agobia
leo las cartas que guardo allí;
las de mi madre, las de mi novia;
dos almas buenas que ya perdí.
Sus torpes lazos mi fe desata,
y entonces oigo –¡dulce ilusión!–
cantos de ángel, música grata,
suaves preludios de serenata,
ruido de alas en mi balcón!
Mientras su duro rigor no ablande
la suerte impía, negra y fatal,
yo no conozco dicha más grande
que la que siento con recordar.
Ser consolado ¡qué gran anhelo!
Entre tinieblas soñar con luz,
pisar abrojos y ver el cielo,
sentir dolores y hallar consuelo
en las memorias de la juventud!
Están ya secas las tuberosas
como está seco mi corazón,
y desteñidas las mariposas
como las alas de la ilusión.
Y sin embargo, sonrío y lloro
si miro el fondo de mi baúl,
y allí contemplo mi gran tesoro:
una cajita color de oro
que ata un brillante listón azul.
Me hechas al ovido
Ahora que tú me has echado al olvido
No te guardo rencor alguno
Pues lo vivido, lo llevo conmigo
Lejos de odiarte, quiero admirarte
Pues es más fácil ser feliz
Porque en el odio no viviría
Y siempre estaría pensando en ti
Sé que te vas maña, y no lo puedo resistir
Me marcho yo primero, para no sufrir
El pasar de los años juntos
No es fácil de digerir
Y mañana tú ya no estarás
Que sola esta la casa sin ti mujer
Uno se despide de esas pequeñas cosas
Pero que duro es despedirse de quien
Compartió tantas cosas
Pero tú, te vas, sin importarte
Lo que dejas atrás
¿Sabes, si me dejas, no sueñes con el regreso?
Pues este pobre solitario
No te abrirá la puerta..
El amor a su magestad y al projimo
No solo de caricias y besos vive el hombre,
También se vive de los bellos placeres que la vida nos regala,
Se involucra naturaleza y con quien se vive,
El amor a los animales y principalmente el amor a su majestad,
Mundo lleno de torbellinos y pasiones
Trayendo efemérides placenteras,
Luchar enconadamente para evitar la adversidad,
Sin distingo alguno de raza ni edad,
Sin saber las circunstancias de buenas a primeras,
El deleite principal de nuestros tiempos,
El conocimiento de las sagradas escrituras,
Ir en pos de todo lo en ellas escrito,
Vemos que al ir desglosando nuestra vida va cambiando,
Y al profundizar por ende un puesto nos ha tocar,
En la viña de señor que con sus brazos abierto
Nos estará esperando.
Creado por Ruben Perez
Soneto xvii
No entiendo cómo estuve yo tan ciego,
y quebré lo que quiero,
lo que amo, que es tan solo tu alegría,
y tan arrepentido estoy que muero,
y se que lo merezco,
por romper la ilusión, romper tu vida.
Si el amor que sentías lo he deshecho
me come el desespero,
con él se morirá mi poesía,
se morirá toda ilusión, mis sueños,
se pondrá negro el cielo,
y sobre mi cabeza caería.
Este traidor bastardo y arrepentido,
nunca estuvo dolido y destrozado,
como al hacer pedazos
el corazón de la mujer que él ama,
ahora esos pedazos le han herido,
y solo pide perdón desconsolado,
tu ¿Podrás perdonarlo?
Sin ti, vivir, no significa nada.
A tus ojos No se que tienen tus ojos
Al mirarlos yo presiento…
Que aunque brillen de alegría
o se rían de contentos
¡Hay un déjo de tristeza
que opaca el marrón intenso! ¿Será que le hiciste trampa
al destino y que en un tiempo
le jugaste una gambeta? ¡Por eso te esta siguiendo!
Pero… ¿Es que llevan tus ojos
El dolor de aquel momento? ¡Que tienen mujer tus ojos!
¿Esconden un sentimiento?
Yo se que son luz y gozo.
Que son faroles pequeños.
Pero hay brazas en su fuego
que no se encienden a tiempo. Parece que cuando hablas
anduvieran de paseo…
Recorriendo mil caminos
Trepanando sufrimientos
Oliendo melancolías
sabor al pan de tu pueblo. Que esconden niña, tus ojos…
¿Tal vez algún pensamiento
de otro lugar ya distante
Te atrapa con su recuerdo?
No se, pero ellos reflejan
un día de sol… en silencio. ¿Qué ocultan tus tristes ojos
cuando miras a lo lejos?
Parece que se durmieran
abrazados a un secreto
y un sueño con su nostalgia
se apodera de tu cuerpo. Es que en esos ojos mansos
En esos ojos eternos
En esos ojos dormidos
En esos ojos… ¡misterio!
¡Hay un bastión que no cede!
¡Una coraza de hierro! ¡Una verja que protege!
Una canción, un… ¡Te quiero!
¡Un beso! ¡Un canto a la vida!
¡Un rosal, un limonero!
¡Un jardín lleno de flores
Con una cruz en su centro! Y yo… no se, no descubro
que esconden tus ojos tiernos…
¿Por qué me miran cansados
o juegan surcando el cielo?
¡Sólo se que algo muy tuyo
sufre y ama… en el silencio! Y vuelas al paraíso.
A la niñez de otros tiempos.
Al amor que te rodeaba.
A la pasión, al deseo
A transitar un camino…
de espinas, hiel y misterios. Entonces tus ojos niña…
A veces… ¡parecen “negros
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